Bares y terrazas secretos para perderse (y encontrarse) en Malasaña

Malasaña no se recorre: se vive. Es un barrio que respira a su ritmo, donde el arte callejero se mezcla con los cafés vintage y las copas bien servidas. Desde la Calle del Pez, justo donde está Adventure Hostel Madrid, cada paso hacia arriba es una nueva historia esperando ocurrir entre luces tenues, terrazas escondidas y ese sonido de vasos brindando que solo se escucha cuando sabes que estás exactamente donde deberías. Esta es nuestra ruta secreta.
 

1. Casa Camacho (Calle de San Andrés, 4)

 
Empieza fuerte, empieza clásico.
Casa Camacho es el tipo de bar que parece detenido en el tiempo. Un mostrador metálico que ha visto pasar tres generaciones de vecinos y una bebida que podría considerarse patrimonio nacional: el yayo.
Mezcla de vermú, ginebra y gaseosa, servido con la naturalidad de quien no necesita explicar nada. Aquí las conversaciones se cruzan entre turistas despistados y parroquianos que llevan viniendo toda la vida. El camarero no te sonríe mucho, pero te sirve el vaso perfecto. Y eso, en Madrid, vale oro.
interior clásico de Casa Camacho en Malasaña con clientes locales.

1. Casa Camacho

(Calle de San Andrés, 4)

 
Empieza fuerte, empieza clásico.
Casa Camacho es el tipo de bar que parece detenido en el tiempo. Un mostrador metálico que ha visto pasar tres generaciones de vecinos y una bebida que podría considerarse patrimonio nacional: el yayo.
Mezcla de vermú, ginebra y gaseosa, servido con la naturalidad de quien no necesita explicar nada. Aquí las conversaciones se cruzan entre turistas despistados y parroquianos que llevan viniendo toda la vida.
El camarero no te sonríe mucho, pero te sirve el vaso perfecto. Y eso, en Madrid, vale oro.
interior clásico de Casa Camacho en Malasaña con clientes locales.

2. 1862 Dry Bar (Calle del Pez, 27)

 
A apenas un par de portales del hostel, 1862 Dry Bar es todo lo contrario: elegante, silencioso, casi cinematográfico. La barra de madera, las lámparas ámbar y los cócteles con precisión milimétrica hacen que uno sienta que podría estar en Nueva York en los años 40. Su dueño, Alberto Martínez, lleva años afinando la carta de bebidas con obsesión de alquimista. El Negroni y el Old Fashioned son de culto, pero si te atreves, pide algo fuera de carta.

Aquí no se viene a emborracharse: se viene a rendir homenaje al sabor. Y eso, en el barrio más canalla de Madrid, también es rebeldía.

detalle de un cóctel Negroni en 1862 Dry Bar, Calle del Pez.

2. 1862 Dry Bar

(Calle del Pez, 27)

 
A apenas un par de portales del hostel, 1862 Dry Bar es todo lo contrario: elegante, silencioso, casi cinematográfico. La barra de madera, las lámparas ámbar y los cócteles con precisión milimétrica hacen que uno sienta que podría estar en Nueva York en los años 40. Su dueño, Alberto Martínez, lleva años afinando la carta de bebidas con obsesión de alquimista. El Negroni y el Old Fashioned son de culto, pero si te atreves, pide algo fuera de carta.

Aquí no se viene a emborracharse: se viene a rendir homenaje al sabor. Y eso, en el barrio más canalla de Madrid, también es rebeldía.

detalle de un cóctel Negroni en 1862 Dry Bar, Calle del Pez.

3. Vacaciones Cocktail Bar (Calle del Espíritu Santo, 15)

 
Cruza la Corredera Baja y sube unos metros: el aire cambia, las luces se vuelven más cálidas, y de repente aparece Vacaciones. Es un local pequeño, con paredes color menta y una barra que parece sacada de una postal tropical. Aquí la noche se relaja: cócteles largos, playlist cuidada, y ese murmullo de fondo que suena a verano aunque fuera esté cayendo el diluvio universal. Su Tropical Mule es la firma, pero siéntate en la barra y deja que te sorprendan.
La gente entra riendo y sale aún más contenta. Será el ron, o será Madrid.
detalle de un cóctel Negroni en 1862 Dry Bar, Calle del Pez.

3. Vacaciones Cocktail Bar (Calle del Espíritu Santo, 15)

 
Cruza la Corredera Baja y sube unos metros: el aire cambia, las luces se vuelven más cálidas, y de repente aparece Vacaciones. Es un local pequeño, con paredes color menta y una barra que parece sacada de una postal tropical. Aquí la noche se relaja: cócteles largos, playlist cuidada, y ese murmullo de fondo que suena a verano aunque fuera esté cayendo el diluvio universal. Su Tropical Mule es la firma, pero siéntate en la barra y deja que te sorprendan. La gente entra riendo y sale aún más contenta. Será el ron, o será Madrid.
grupo joven brindando bajo luces turquesa y decoración tropical.

4. Ojalá (Calle de San Andrés, 1)

A esta altura ya no buscas un sitio, sino una sensación. Y la encuentras bajando las escaleras de Ojalá: el famoso bar con playa bajo tierra. Arena fina, mesas bajas, cojines, y una luz cálida que convierte el sótano en un pequeño refugio.

Entre la música chill y los platos sencillos (sus tacos y sus hamburguesas nunca fallan), este sitio es un punto de pausa en mitad del ruido del barrio.
Perfecto para sentarte descalzo, cerrar los ojos y pensar que, de algún modo, Madrid también tiene mar.

vista cenital del sótano de arena del bar Ojalá en San Andrés.

4. Ojalá

(Calle de San Andrés, 1)

A esta altura ya no buscas un sitio, sino una sensación. Y la encuentras bajando las escaleras de Ojalá: el famoso bar con playa bajo tierra. Arena fina, mesas bajas, cojines, y una luz cálida que convierte el sótano en un pequeño refugio. Entre la música chill y los platos sencillos (sus tacos y sus hamburguesas nunca fallan), este sitio es un punto de pausa en mitad del ruido del barrio.

Perfecto para sentarte descalzo, cerrar los ojos y pensar que, de algún modo, Madrid también tiene mar.

vista cenital del sótano de arena del bar Ojalá en San Andrés.

5. El Jardín Secreto de Salvador Bachiller (Calle de la Montera, 37)

Cuando el cuerpo te pide un respiro de Malasaña, camina diez minutos hacia Gran Vía. Sube las escaleras del edificio de Salvador Bachiller y descubrirás un oasis. El Jardín Secreto es una terraza de cuento: plantas colgantes, faroles y cócteles con flores comestibles. Es el lugar perfecto para la transición entre la tarde y la noche.
Aquí se habla más bajo, las luces se atenúan, y los selfies son inevitables (aunque el sitio se defiende por sí solo).
Desde lo alto se ve el caos de la ciudad, pero tú estás en calma, cóctel en mano, mirando cómo anochece sobre los tejados madrileños.

terraza con vegetación y faroles al atardecer, cóctel rosado en primer plano.

5. El Jardín Secreto de Salvador Bachiller

(Calle de la Montera, 37)

Cuando el cuerpo te pide un respiro de Malasaña, camina diez minutos hacia Gran Vía. Sube las escaleras del edificio de Salvador Bachiller y descubrirás un oasis. El Jardín Secreto es una terraza de cuento: plantas colgantes, faroles y cócteles con flores comestibles. Es el lugar perfecto para la transición entre la tarde y la noche.
Aquí se habla más bajo, las luces se atenúan, y los selfies son inevitables (aunque el sitio se defiende por sí solo).
Desde lo alto se ve el caos de la ciudad, pero tú estás en calma, cóctel en mano, mirando cómo anochece sobre los tejados madrileños.

terraza con vegetación y faroles al atardecer, cóctel rosado en primer plano.

6. Maravillas Club (Calle de San Vicente Ferrer, 33)

El paso siguiente es lógico: toca bailar.
Maravillas Club es uno de esos lugares que huelen a conciertos y recuerdos. En su sótano han tocado bandas emergentes, DJs improvisados y más de un grupo que luego llenó festivales.
Las luces moradas y la energía de la pista hacen que el tiempo pierda sentido.
Aquí nadie pregunta de dónde eres ni qué haces: todos están demasiado ocupados disfrutando.
Y cuando el bajista golpea el primer acorde, sientes eso que los locales llaman Madrid en vena.

Indie, luces y baile en Malasaña.

6. Maravillas Club

(Calle de San Vicente Ferrer, 33)

El paso siguiente es lógico: toca bailar.
Maravillas Club es uno de esos lugares que huelen a conciertos y recuerdos. En su sótano han tocado bandas emergentes, DJs improvisados y más de un grupo que luego llenó festivales. Las luces moradas y la energía de la pista hacen que el tiempo pierda sentido. Aquí nadie pregunta de dónde eres ni qué haces: todos están demasiado ocupados disfrutando.
Y cuando el bajista golpea el primer acorde, sientes eso que los locales llaman Madrid en vena.

Indie, luces y baile en Malasaña.

7. Café Moderno (Plaza de las Comendadoras, 1)

La última parada de la noche es un descenso a la calma.
El Café Moderno es un café-bar de los de antes, con sofás rojos, lámparas vintage y una terraza que mira a la plaza más tranquila del barrio.
Ideal para cerrar los ojos un segundo y respirar.
Aquí los camareros hablan despacio, la música baja el volumen, y el tiempo parece hacerse amigo.
Pide un café o una copa, da igual. Lo importante es que la ciudad ya no te corre detrás: tú llevas el ritmo.

café humeante, libro abierto y reflejo de farolas en el cristal.

7. Café Moderno

(Plaza de las Comendadoras, 1)

La última parada de la noche es un descenso a la calma.
El Café Moderno es un café-bar de los de antes, con sofás rojos, lámparas vintage y una terraza que mira a la plaza más tranquila del barrio. Ideal para cerrar los ojos un segundo y respirar. Aquí los camareros hablan despacio, la música baja el volumen, y el tiempo parece hacerse amigo.
Pide un café o una copa, da igual. Lo importante es que la ciudad ya no te corre detrás: tú llevas el ritmo.

café humeante, libro abierto y reflejo de farolas en el cristal.

EL REGRESO A ADVENTURE

Vuelve caminando por la Calle del Pez. A estas horas las luces de los bares se reflejan en los charcos y las persianas bajan despacio. Malasaña bosteza, pero no duerme. Y tú tampoco deberías hacerlo en cualquier sitio: te esperamos en Adventure Hostel Madrid, con sábanas limpias, energía buena y un recordatorio amistoso: Aquí se viene a vivir la aventura.

EL REGRESO A ADVENTURE

Vuelve caminando por la Calle del Pez. A estas horas las luces de los bares se reflejan en los charcos y las persianas bajan despacio. Malasaña bosteza, pero no duerme. Y tú tampoco deberías hacerlo en cualquier sitio: te esperamos en Adventure Hostel Madrid, con sábanas limpias, energía buena y un recordatorio amistoso: Aquí se viene a vivir la aventura.

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