Un personaje artístico: “domestic mystique” y el arte de volver extraordinario lo doméstico
Hay una frase que la define muy bien (y que sirve como llave para todo lo demás): Ouka Leele se presentaba como creadora de una especie de “mística doméstica”, porque muchas veces se interpretaba su trabajo como crítica social cuando, para ella, era una sublimación de la vida diaria.
Esto es clave: Ouka Leele no necesitaba grandes monumentos para construir imágenes potentes. Le bastaban: una cocina, un salón, un objeto absurdo, una persona con un gesto perfecto y una idea que convertía la escena en teatro.
De hecho, ella misma explicó su proceso de forma muy clara: primero concebía la imagen y después la fotografiaba; la cámara registraba algo que ya había “creado” y luego lo convertía en base para pintar.
Esa forma de trabajar hace que su obra no sea “solo” fotografía: es puesta en escena, imaginación, pintura, memoria. Y por eso, cuando hoy miras su trabajo, no sientes nostalgia hueca: sientes un método.