Por qué se llama Calle del Pez: la “Fuente del Cura”, un estanque… y una niña
La explicación más repetida (y más bonita) arranca con un dato previo: durante mucho tiempo, esta vía no fue “del Pez”. Se conocía como calle de la Fuente del Cura porque en la zona había una hacienda con cinco pozas y una fuente de “finísimas aguas”, propiedad de D. Diego Henríquez, un eclesiástico de linaje noble.
Cuando Felipe II trasladó la Corte a Madrid, la Villa compró parte de esos terrenos para levantar viviendas. Otra parte la adquirió Juan Coronel, y el antiguo estanque quedó dentro de su propiedad. Allí vivían algunos peces… hasta que el agua empezó a escasear con las obras.
Aquí entra la escena que lo cambia todo: Blanca Coronel, hija del propietario, recogió el último pececillo, lo guardó en un globo de vidrio, pero murió a los pocos días. Para consolarla, su padre mandó labrar un pez de piedra en la fachada de la casa y colocar un letrero: “Casa del Pez”. La calle terminó heredando ese nombre.
Y lo mejor (porque Madrid es así): aunque aquella casa se sustituyó con el tiempo, la tradición se mantuvo y se volvió a colocar un símbolo similar en una fachada posterior. Es decir: el pez no es solo un cuento, es un detalle urbano que el barrio ha decidido conservar como firma.
Pequeña derivada muy madrileña: de Blanca Coronel se cuenta que sintió atracción por la vida monástica y fue de las primeras monjas profesas del Convento de San Plácido (otro lugar cargado de historias y leyendas en el centro).